Cómo tomar el control financiero de tu proyecto emprendedor

Si valorar el potencial de una idea empresarial es importante antes de lanzarte a la piscina del emprendimiento con unas mínimas garantías, trazar una estrategia adecuada para dotarla de viabilidad, no lo es menos, y aquí, el control financiero juega un papel principal.

Uno de los grandes errores que cometemos cuando nos embarcamos en una aventura emprendedora por primera vez, tiene que ver con nuestra falta de capacidad para tomar las riendas del control financiero de nuestro proyecto.

Algo totalmente normal y comprensible, ya que hablamos de conceptos que generalmente desconocemos y cuya comprensión nos resulta difícil. Pero no te asustes, eres un emprendedor, no un experto en economía e ingeniería financiera empresarial.

A menudo, como emprendedores, tenemos grandes conocimientos, y puede que también experiencia en torno a la actividad empresarial que queremos poner en marcha. Sin embargo, contamos con importantes carencias en el ámbito de la gestión empresarial, en general, y de contabilidad o finanzas, en particular. Probablemente sean el talón de Aquiles de muchos emprendedores y quizás causa importante de que muchos proyectos no acaben prosperando.

Evidentemente este artículo dista mucho de ser una masterclass de gestión financiera, entre otras cosas porque no es el objetivo de este post, sino de ayudarte a eliminar complejos y enseñarte cuatro claves financieras que como emprendedor, puedes y debes conocer.

Es muy probable (y recomendable) que cuentes con asesoramiento externo para no dejar nada en el aire desde un punto de vista financiero. Y, aunque seguro que muchas veces tienes problemas para entender algunos conceptos asociados a la liquidez o la rentabilidad, estoy convencido que, tras la lectura de este post, serás perfectamente capaz de tener puntos de referencia y apoyo que te ayudarán a tomar el control financiero de tu proyecto.

Los elementos sobre los que debes apoyarte para tener el control financiero de tu proyecto son fundamentalmente cuatro.

1. Fondos propios.

Los fondos propios son los recursos con los que ya cuentas y que no debes devolver a nadie.

Aunque no siempre se cuenta con ellos, sí llegará un momento en el que el propio proyecto los genere y debes tener especial cuidado de mantenerlos. Serán tu colchón financiero, tu margen de maniobra y que está estrechamente relacionado con el capital circulante que abordaremos en el punto siguiente. Importantísimo.

Desde esta perspectiva del ahorro, también podrías considerarlos como la “hucha” de tu proyecto para afrontar futuras inversiones.

Así pues, cuanto mayor sea tu capacidad de “ahorro” a partir de los recursos generados por el propio proyecto, serás capaz de:

– Aumentar tu capacidad de reacción y margen de maniobra para hacer frente a imprevistos o variables de difícil control como cambios normativos, coyunturas de crisis económica o cambios en el comportamiento del consumidor.

– Apostar por implementar estrategias de innovación que te ayuden a investigar cómo aportar un valor diferencial en tu producto o servicio.

– O, dirigir fondos a diversificar tu modelo de negocio.

No suena mal, ¿verdad?

Si nos centramos en las fases iniciales de emprendimiento, los recursos propios podrían ser:

– La cantidad de dinero con la que cuentas para invertir directamente en la puesta en marcha de tu proyecto (no importa que hayas recibido donación de un familiar o cuentes con la ayuda de un “business angel”, ambos son considerados como recursos propios).

– El activo inmobiliario de tu propiedad donde se ubicará el proyecto.

– Otros recursos con los que ya contabas de inicio (equipos informáticos, vehículos, etc.)

2. Capital circulante.

Seguro que si asocias la palabra liquidez con capital circulante, este ya no te será un término tan extraño o lejano.

El capital circulante es a tu proyecto lo que el oxígeno a los seres humanos para respirar y vivir día a día. Y sin oxígeno suficiente, no hace falta decirte que tendríamos los días contados.

Podríamos definirlo como la capacidad del propio proyecto para generar la liquidez adecuada y suficiente para hacer frente a los compromisos u obligaciones de pago en todo momento, principalmente en el corto plazo.

El capital circulante es muy importante, ya que te va a permitir continuar con el normal desarrollo de las actividades necesarias para la comercialización de tu producto o prestación de los servicios que ofreces.

Para garantizar que el capital circulante de tu proyecto cuenta con una salud de hierro, es clave diseñar e implementar una política de cobros a clientes y pagos a proveedores adecuada y adaptada a las singularidades de tu proyecto.

La máxima es clara: asumir unas determinadas obligaciones de pago a terceros sin tener claro cuándo cobrarás por la venta de tus productos o servicios al cliente, es un error con consecuencias fatales para tu proyecto. Parece obvio, ¿verdad? Te sorprendería conocer la cantidad de emprendedores que ni tan siquiera se han parado a pensar en ello. Política de cobros y política de pagos a proveedores. Dedica tiempo a reflexionar sobre ello y procura articularlas atendiendo a las particularidades, tanto internas como externas, de tu proyecto.

Estas dos políticas son lo que acaban dando forma a lo que se conoce con el nombre de presupuesto de tesorería ¿Y qué es un presupuesto de tesorería? Pues simplemente, realizar una previsión de cobros y pagos. Ya está. Así de fácil y de complejo, al mismo tiempo.

3. Rentabilidad.

La rentabilidad de una empresa podríamos definirla como la capacidad de ésta para obtener unas determinadas ganancias. Por tanto, coincidirás conmigo, si te digo que es un elemento clave para el éxito de cualquier proyecto emprendedor. Rentabilizar tu idea es el objetivo.

La rentabilidad no es más que la diferencia entre la venta y el coste asociado a un producto o servicio. El resultado de esta operación debe ser positivo. Si fuera negativo, tu proyecto no sería rentable y tendría muchas posibilidades de acabar fracasando.

Por este motivo, es vital tener un control exhaustivo de costes departamentales y generales, de modo que al volcar información de ventas seleccionando los parámetros que consideres (venta por producto, departamento, territorio, etc.), el resultado siempre sea positivo. 

Así pues, ventas, precios y gastos, son elementos claves que inciden en la rentabilidad de cualquier proyecto empresarial. Tenlo presente.

4. Endeudamiento.

Probablemente no cuentes con los recursos propios suficientes para iniciar tu proyecto. O, incluso, una vez iniciado, aún no has conseguido el activo corriente suficiente para generar un margen de maniobra importante que te permita, por ejemplo, hacer frente a cuestiones sobrevenidas no previstas inicialmente. Ha llegado el momento de pedir ayuda, aunque ello te suponga adquirir deudas y nuevas obligaciones con terceros, esta vez entidades bancarias o de crédito.

Existen decenas de productos financieros adaptados a cada necesidad empresarial, pero sí es muy importante utilizar este recurso únicamente para inversión, ya sea en dotación o crecimiento, y también para anticipo de cobro o generación de circulante.

Del mismo modo, es fundamental que lo utilicemos como un recurso puntual y no de manera descontrolada y sistemática. Es de suma importancia conseguir un equilibrio entre recursos propios y ajenos. Un exceso de endeudamiento puede ocasionar problemas futuros, pero un nivel demasiado bajo cuando es necesario, puede hacernos perder oportunidades. Como digo, es cuestión de encontrar el punto de equilibrio entre los recursos propios y ajenos.

Como has podido comprobar tras esta lectura, tomar el control financiero de tu proyecto, no es algo a lo que debas temer, todo lo contrario. Si cuentas con ayuda o asesoramiento experto en la materia, no tengas miedo de preguntar. Puedo asegurarte que es peor asumir conceptos que no entiendes que hacer un esfuerzo por comprenderlos, dominarlos y buscarle el encaje más adecuado a las singularidades y necesidades de tu proyecto.

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